Una travesía por mar
¿Qué
es lo que viene a tu mente cuando ves la imagen del barco en medio de la mar? ¿Acaso
incertidumbre o soledad? Si nos vamos al otro extremo, encontraremos que
algunas personas pensarían en paz y relajación.
Lo
cierto es que, dependiendo de la situación en la que actualmente te encuentras,
es como vas a inferir en la imagen. Sin embargo, existe una realidad en la vida,
todos zarpamos y no terminamos nuestro viaje de la vida, en el lugar donde
iniciamos.
Me
encanta la pregunta que hace un autor mexicano, en su libro Vivir para
Triunfar: ¿Se lanzará el
joven al océano de la vida sin rumbo, sin brújala y sin timón?
La
vida es un viaje por mar. De pequeños, nuestros padres y mentores nos ayudan a
construir ese barco. Por ejemplo, la proa debe ser bien construida para que
corte las grandes olas, en medio de una tempestad, salga avante y sea el
sentido de avance. Mientras que la popa, la parte trasera, cuenta con las
hélices y controles de manejo.
Llegado
el momento, se nos deja en el puerto para que iniciemos el viaje. La pregunta
es ¿Hacia dónde? Muchos inician sin saber un destino al cual llegar, otros salen
sin una brújula y se pierden en alta mar. Uno que otro sale con la esperanza de
encontrar un destino, en tanto que son pocos los que inician con ahínco,
preparación y términos náuticos; que les permita llegar a dónde se han
planteado.
No
importa cómo hayas zarpado, quizá ya te encuentras en alta mar y estás
náufrago. De repente las tormentas por las que has pasado ya han dañado la proa
de tu barco y ya no parece avanzar. ¿Acaso eres llevado de acá y para allá, por
las olas? O quizá estás a punto de zarpar y no sabes el destino del puerto al
cuál llegar.
Estimado lector/a vuelve a ver la
imagen del principio, ¿qué ves? ¿Hay un cielo obscuro y tenebroso? ¿hay olas
que hacen ver peligrar al barco? ¿Se encontrará la tripulación angustiada, pese
a no ver un puerto cerca, ni tierra a la vista? No lo creo.
Amigo/a respira hondo, tu alma está
angustiada por lo que será o fue. Todo está en calma por fuera, simplemente no
puedes ver más allá de lo que está aconteciendo en tu vida. Y si nada está en
calma por fuera, necesitas que en tu interior esté como la imagen, en paz y
tranquilidad, como si no hubiera diferencia entre el cielo y la tierra.
La metáfora de la travesía por mar,
es una realidad en la vida cuando se habla que las personas carecen de sentido
de vivir, razones para despertar hacia un nuevo amanecer y luchar; capacidad
para establecerse altos ideales y vivir una vida de acuerdo a esos ideales.
Atravesar montañas y conquistar cimas; tener una vida de abnegación y
disciplina en la prosecución de los sueños, echándole la culpa a las
circunstancias y suerte desastrosa.
Si hubiera sido así, entonces Abraham
Lincoln no sería recordado como uno de los que más luchó para llegar a tener
una vida de éxito y ser presidente de Estados Unidos. Si hubiera sido así,
entonces Hellen Keller no sería recordada como un ejemplo de perseverancia y
tenacidad, superando discapacidades. Si hubiera sido así, entonces Beethoven no
sería recordado por las sinfonías más hermosas, pese a quedar sordo. Si hubiera
sido así, entonces Thomas Edison no sería recordado por no desistir, cuando su
fábrica se incendió y tuvo que volver a empezar. Si no hubiera sido así,
entonces Jesús no sería recordado por darle paz al mundo al nacer y esperanza a
todo aquel que en él crea.
Necesitas un guía, necesitas una
brújula, necesitas apuntarle a una estrella y no perderla de vista, aunque el
cielo parezca caerse y el viento sople fuerte, aunque parezca que tu estrella
se aleja de ti y las olas comiencen a inundar tu barca.
Deja que Jesús sea tu capitán, ya que con él tienes un ancla firme que te conducirá seguro/a por la travesía del mar, que es tu vida, para que al final, te lleve a un puerto seguro.
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